8M plaza Pilar

Luchando

Tras la crisis que sacudió nuestra tierra, nuestro país, nuestras vidas, vivimos una situación de excepcionalidad que por costumbre nos hacen creer que es normal. Lo habitual hoy en día es trabajar en precario y sin unas condiciones laborales dignas, es tener más de 30 años y no poder plantearte si quieres o no tener hijos porque tu futuro es un continuo interrogante, lo común es no poder acceder a una vivienda, lo más frecuente es que que los jóvenes no podamos independizarnos… Pero permitidme que os diga que esto no tiene nada de normal. No es esta la vida que imaginábamos cuando pensábamos el futuro. La “recuperación” de la crisis ha sedimentado de tal forma, cronificando la desigualdad y la pobreza, que parece que convivimos con esta realidad como si fuera la única posible.

 

Seguimos, porque si algo nos sobra en Aragón es arrojo. Porque nuestra ilusión, la pasión por nuestros proyectos, el amor por nuestras familias y nuestra tierra son más fuertes, pero estos últimos 10 años han dejado una sociedad con heridas abiertas. Vemos aún la desigualdad entre sectores sociales, en nuestros pueblos, entre generaciones, entre hombres y mujeres…

Tenemos la posibilidad y también el deber de reconstruir lo que destrozaron y creo que en esta tarea tenemos una responsabilidad como generación. Si algo tengo claro es que esas heridas no cerrarán mediante el recorte de nuestros derechos y el continuo señalamiento de los malos españoles (y especialmente las malas españolas) como pretenden aquellos que llevan por bandera los discursos de odio. La desconfianza del penúltimo hacia el último y la ruptura de los vínculos de solidaridad sólo nos traerán una sociedad resentida, llena de gente asustada y crispada en busca de un chivo expiatorio, que al más puro estilo del bullying, será siempre el más débil. Frente al modelo de los matones, muy propio de una sociedad educada en la competitividad y del machismo del vencedor o vencido, aprendamos y apostemos por otras formas de dirigir y solucionar nuestros conflictos. Con el diálogo entre diferentes, no dando pasos hacia atrás sino innovando e inventando nuevas soluciones, aprendiendo de lo mejor de nuestros mayores y de las mejores de nuestra historia. Porque la libertad sólo florece donde hay condiciones de igualdad y fraternidad.

Como generación tenemos la capacidad para tomar las riendas en esta tarea que no es otra que la de continuar lo que hicieron nuestros padres, nuestras madres y nuestros abuelos y abuelas y defender los derechos que hoy vemos amenazados. Hay quien dice que somos una generación perdida, una generación de “ninis”; sin embargo yo veo en nuestra generación compromiso con el futuro y capacidad para empujar y dibujar el mañana que queremos vivir.

 

Vamos a escribir un futuro, cerrando esas heridas abiertas mediante la empatía. Reconstruyendo un Aragón que cuide de su gente, y de sus pueblos, de sus comercios y de sus infraestructuras, con solidez y solidaridad y de la certeza de que somos coprotagonistas de nuestra historia.